Me agarro de los bordes de la tina. El agua me ha entrado en los ojos, y abro la boca para tomar aire de la manera más brusca y desesperada posible.
Respira. Es todo lo que puedes hacer.
Respira, me repito en susurros mentales.
Me gusta sentir la adrenalina dentro de mí, fluir por mis venas hasta convertirnos en un sólo sentimiento. Fundirnos en la desesperación y la locura.
A veces, quiero obligarme a dejar de respirar, saber si es verdad que hay vida después de la muerte. A veces, quiero cruzarme por el camino de los autobuses, ignorarlo todo, e irme. A menudo imagino catástrofes automovilísticos de camino al instituto. Veo a mi hermano atravesado por un tubo metálico y mis caderas destrozadas. Sangre por todas partes. Y muerte.
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